El campus universitario es realmente bonito. Köln tiene muchas zonas verdes y está, en general, bastante bien cuidado todo.
A la mañana siguiente me cogí un taxi para ir hasta Efferen. Tenía algo claro cómo iba el tranvía (S-bahn), pero mi maleta pesaba un quintal y medio, así que me decidí a hacer un gasto extra. Tras coger la llave en la oficila central, me dirigí a mi nuevo hogar. He de decir una cosa: al principio no estaba convencida de venir aquí, porque pilla un tanto lejos del centro, pero... Efferen mola. Efferen mola un montón. Y a mí en concreto me tocó una zona que creo que es de las mejores: las casitas de madera rojas.
En cada casita hay cuatro bloques, y cada bloque se compone de cuatro habitaciones. Habitaciones enormes. Enormes, en serio. En mi bloque comparto casa con un portugués (Henrique), una alemana (Sabrina) y una vallisoletana (Esther). La verdad es que la convivencia es muy agradable... :)
A partir de ahí todo empezó a ser mucho más cómodo. A partir del momento en el que tienes la llave de tu habitación, ya tienes un lugar al que volver que sea tuyo.
En el fondo, parte de mí ya considera a este lugar su segundo hogar.